El estanciero sentado en un sillón se rascó el abultado vientre mientras miraba por el amplio ventanal como sus empleados trabajaban en la trilla, una labor agotadora que comenzaba al amanecer y culminaba bien entrada la noche.
Rosendo Guzmán Torres había heredado esa estancia de parte de su padre, un terrateniente que se había apropiado de territorio aborigen utilizando para tal fin la contratación de matones que se encargaron de correr del territorio a los nativos a fuerza de escopetazos, sablazos y trabucazos...El antes había aceitado los engranajes con el gobierno de turno y pagando cada hectárea apropiada a los aborígenes algunos míseros pesos.
Era el tiempo de la mal llamada campaña al desierto, una manera elegante de justificar la apropiación del territorio a los habitantes originarios.
Decir desierto era no reconocer que ya tenía dueño este espacio de tierra y eso se hacia intencionalmente para justificar la invasión del territorio.
Pero eso a este buen señor no lo afectaba moralmente, porque generosamente aportaba un cierto dinero de beneficencia a la Iglesia Catolica, con lo cual pensaba que de esa manera estaba cubierto incluso, ante los altares divinos; como dice la palabra de Dios "Vanidad de vanidades".
Pero ese día para Rosendo no iba a ser un día cualquiera porque una de las hijas de la cocinera, una tal Adelina Fuentes, se negó a ser uno de sus amores clandestinos.
Escapándose entre el maizal que estaba a punto de ser cosechado llegó hasta la comandancia donde denunció a su patrón, teniendo la suerte de que un recién recibido Teniente tomó la denuncia y arrestó al hacendado a pesar de la resistencia de alguno de sus matones.
Finalmente se agregaron otras denuncias de abusos anteriores y terminó pagando con cárcel todas sus imposiciones y abusos de poder.
Hace unos días pasé por la mencionada estancia que quedó en ruinas luego de la caída en desgracia de los propietarios.
Quizás a veces pensamos que la justicia no llega o es demasiado lenta, pero un día termina por salir a luz toda la verdad.
A Rosendo Guzmán Torres no le alcanzó toda su fortuna para que lo consideraran, inocente.

