Capítulo uno de esta nueva Novela breve escrita por Omar Salgado para el Club de escritores, donde se irán publicando a continuación los distintos capítulos.
Capítulo uno
El atardecer de aquel día de septiembre llegaba lento, el sol parecía suspendido en el cielo y el calor agotaba los esfuerzos de Damian Gutiérrez y Juan Medina que desde muy temprano trataban de terminar la nueva linea de alambrada, el pisón, la pala y las herramientas parecían quemar aquellas manos en contacto con el calor del atardecer; un día tras otro esta era la rutina de los dos jóvenes alambradores de la estancia.
Pero no siempre la rutina suele ser en linea recta y hay momentos donde algo sucede, quizás fruto del azar o consecuencia de anteriores circunstancias; lo cierto es que mientras Damian le alcanzaba a su compañero de labor Juan, la cantimplora con agua le hizo una pregunta que venia guardando desde hace unos días, porque sabia que podia generarse algún problema entre los dos. Es que parecía ser que ambos estaban interesados en la misma mujer.
La joven campesina Rosaura Funes, hija del capataz, quizás hasta inocentemente les seguía el juego cuando cada uno de ellos buscaba seducirla y los dos ahora ilusionados, se tenian frente a frente y ambos se sabia, eran rápidos para el cuchillo.
Juan, te voy hacer una pregunta que hace unos días ando masticando con algo de bronca, quiero que me contestes con tu verdad- _A ver de que se trata Damian, diga usted, soy todo oídos, de paso me refresco y empino la cantimplora bebiendo ese liquido que saciaba momentáneamente la sed y hasta el hambre.
Mira Juan, el otro día fui a la casa de Rosaura a cenar con ella y sus padres, como debe usted imaginarse ando con ganas de pedirle la mano de la hija al capataz, hace un tiempito nos estamos viendo, medio a escondidas y quiero blanquear nuestra relación, pero a surgido un problema, la Amansia, tía de la Rosaura me insinuó que estoy llegando algo tarde, que hay otro joven arrastrándole el ala a la sobrina y cuando le pregunte quien era me dijo, sonriendo, como no lo sabe, su amigo el juan.
El sol comenzó a ponerse sobre el horizonte y Juan bajo lentamente la cantimplora como para darse tiempo para responder con calma y no generar, allí mismo y sin testigos, con su amigo una pelea, que seguramente luego alguno de los dos tendría que lamentar.
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